
En el Paraninfo de la Universidad de Alcalá de Henares, lugar donde se desarrolla el acto, se encontraban todas las autoridades culturales de nuestra España, hasta asistió nuestra concejala del ramo, entre otras muchas cosas, Dña. Mabel Deu. Y allá que fue más preocupada por conocer a la nueva ministra, la promovedora del llamado canon digital, Dña. Ángeles González-Sinde y hablarla de su grandioso campus universitario, para intentar convencerla de las bondades de un proyecto mas que muerto y enterrado.

“Al este empezaba a dibujarse la ciudad de Ceuta y el Monte Hacho con su fortaleza-presidio recostada contra un tumulto de pesadas nubes purpúreas y un cielo teñido de rosa y malva, irreal”. Así recordaba nuestra ciudad Juan Marsé en su relato “Teniente Bravo”, porque como tantos otros españoles, pasó durante dieciocho meses por nuestra ciudad para realizar el servicio militar obligatorio.

Por lo que podríamos concluir que si en vez de en Ceuta, Juan Marsé hubiera realizado la mili en cualquier otro lugar, quizás no hubiera tenido el tiempo suficiente para escribir esa carta diaria y que esas cartas no hubieran supuesto el germen de su primera novela y sin primera novela quizás no hubiera existido una segunda, ni ninguna otra. Por ello puede sostenerse la tesis de que sin Ceuta, Marsé no hubiera existido en el universo literario. Disculparán la broma, pero debía justificar el título del artículo, aunque al maestro no creo que le extrañase la defensa de una opinión como ésta, cuando señalaba en una entrevista a José Martí que: “Me he encontrado con muchos casos como ese y sería la parte más divertida: la de hablar con gentes que te explican, muy convencidas, unas facetas de tu narrativa que yo desconozco por completo”

E incluso alguna incursión por Hadú, por aquella Cuesta de la Parisiana que tan bien recuerdan nuestros mayores: “En medio de la rechifla general, que ya el sargento se aprestaba a reprimir, el recluta Pita esbozó una mansa y taimada sonrisa, y bajó los ojos al suelo y volvió a ver el cafetín moruno del barrio de Hadú, el té con yerbabuena en los vasos pringosos, los pinchitos calientes, los pajaritos fritos alienados en el mostrador y al propio Teniente Bravo acodado en él, vestido de paisano con sombrero de ala flexible sobre los ojos y camelando a una mora de labios púrpura y ojos glaucos, la popular Aixa, que según los veteranos hacía maravillas en la cama, era un domingo lluvioso al anochecer y Pita y varios paisanos suyos habían decidido por fin, venciendo la timidez, requerir los servicios de la furcia exótica... pero ese día el teniente se cruzó en su camino, y se les anticipó”.
Lo que sí les recomiendo es que, ahora que se inicia la Feria del Libro y hacen alguna rebaja, adquieran este ejemplar de relatos del maestro Marsé que contiene Historia de Detectives, El fantasma del cine Roxy y Teniente Bravo; incluso los profesores podrían recomendarlo como lectura el próximo curso, no todos los días nos encontramos con todo un Premio Cervantes que escribe en nuestra ciudad y sobre nuestra ciudad. Y para aquellos estudiosos que lo deseen pueden bucear en la Biblioteca Militar en busca de los escritos que aquel soldado dejó por el periódico del cuartel, eso podría haber sido un buen regalo para el escritor un ejemplar de algún escrito de aquel periódico, pero para eso había que pensar.